
viernes, 19 de junio de 2009
VICENTE FERRER FALLECE EN LA INDIA A LOS 89 AÑOS

miércoles, 17 de junio de 2009
AHORRANDO VIDA

Nos acostumbramos a vivir en pequeños espacios y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor; y porque no se tiene vista, luego nos acostumbramos a no mirar para afuera.
Y porque no miramos hacia afuera, luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas; y porque no abrimos del todo las cortinas, luego nos acostumbramos a encender más temprano la luz.
Y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud… Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde; a tomarnos un tentempié corriendo porque estamos atrasados; acostumbramos a no mirar para afuera.
A leer el periódico en la guagua porque no podemos perder tiempo; a comer "cualquier cosa" porque no da tiempo para almorzar; a salir del trabajo ya de noche; a dormir en el transporte porque estamos cansados; a cenar rápido y dormir pesados sin haber vivido el día.
Nos acostumbramos a pensar que las personas cercanas a nosotros estarán siempre ahí y a creer que están bien, sin preocuparnos por averiguarlo; a esperar el día entero y finalmente oír en el teléfono: “Es que hoy no puedo ir…” -A ver cuándo nos vemos... -Pronto, seguro-... Quizás la próxima semana... Y nos vamos engañando a nosotros mismos.
A sonreír a las personas sin recibir una sonrisa de vuelta; a ser ignorados cuando precisábamos tanto ser vistos. Si el cine está lleno nos acostumbramos y nos conformamos con sentarnos en la primera fila aunque tengamos que torcer un poco el cuello. Si el trabajo está complicado, nos consolamos pensando en el fin de semana. Y si el fin de semana no hay mucho que hacer, o andamos cortos de dinero, nos vamos a dormir temprano y listo, porque siempre tenemos sueño atrasado que recuperar.
Nos acostumbramos a ahorrar vida… Que igual se gasta y que una vez gastada, por estar acostumbrados...
¡NOS PERDEMOS VIVIR!…
Existe un dicho:
Desconozco el autor/a.
Colaboración que agradecemos a Natalia Ojeda Ríos.
Dice Natalia a Eu:
LA BALANZA

Una mujer pobremente vestida, con un rostro que reflejaba tristeza, entró a una tienda, se acercó al dueño y de manera muy prudente preguntó si podía llevarse algunas cosas a crédito; con voz suave explicó que su esposo estaba muy enfermo y que no podía trabajar, tenían siete niños y necesitaban comida.
El dueño no aceptó y le solicitó que abandonara la tienda. Sabiendo la necesidad que estaba pasando su familia la mujer rogó: "Por favor señor, se lo pagaré tan pronto como pueda".
El dueño le dijo que no podía darle crédito, ya que no tenía una cuenta de crédito, en su tienda... De pie, cerca del mostrador, se encontraba un cliente que escuchaba la conversación entre el dueño de la tienda y la mujer; el cliente se acercó y le dijo al dueño de la tienda que él se haría cargo de lo que la mujer necesitara para su fin... Entonces el dueño, avergonzado preguntó a la mujer: ¿Tiene usted una lista de compras?. La mujer dijo: -Sí señor-.
-Está bien-, dijo el dueño, -ponga su lista en la balanza de plato y lo que pese su lista le daré en comestible-. La mujer titubeó por un momento y cabizbaja buscó un papel, escribió algo en él y lo puso, triste aún, en uno de los platos de la balanza.
Los ojos del dueño y del cliente se llenaron de asombro cuando el plato de la balanza donde estaba el papel se hundió hasta el fondo y se quedo así. El dueño, sin dejar de mirar la balanza dijo: -no lo puedo creer-... El cliente sonrió y el dueño comenzó a poner comestibles en el otro plato de la balanza... No se movía, por lo que continuó poniendo más y más comestibles, hasta que se llenó. El dueño se quedó pasmado de asombro. Finalmente, tomo el pedazo de papel y lo miró todavía más asombrado,¡no era una lista de compra!
Era una oración que decía: "Querido Señor, tú conoces mis necesidades y yo voy a dejar esto en tus manos".
El dueño de la tienda le entregó los comestibles que había pesado y quedó allí en silencio, la mujer agradeció y abandonó la tienda.
El cliente entrego un billete de 50 dólares al dueño y le dijo:
-Valió cada centavo de este billete, ahora sabemos cuanto pesa una oración.
La oración es uno de los mejores regalos gratuitos que recibimos. No tiene costo pero si muchas recompensas.
Autora: GINA REZKALAH.
Colaboración que agradecemos a la Hna. Dominga Rodríguez.
EL ARTE DE HABLAR Y LA VIRTUD DE CALLAR
HABLAR es fácil pero CALLAR requiere prudencia y dominio.
HABLAR oportunamente, es ACIERTO.
HABLAR frente al enemigo, es CIVISMO.
HABLAR ante la injusticia, es VALENTÍA.
HABLAR para rectificar, es un DEBER.
HABLAR para defender, es COMPASIÓN.
HABLAR ante un dolor, es CONSOLAR.
HABLAR para ayudar a otros, es CARIDAD.
HABLAR con sinceridad, es RECTITUD.
HABLAR de sí mismo, es VANIDAD.
HABLAR restituyéndote fama, es HONRADEZ.
HABLAR disipando falsos, es CONCIENCIA.
HABLAR de defectos, es LASTIMAR.
HABLAR debiendo callar, es NECEDAD.
HABLAR por hablar, es TONTERÍA.
CALLAR cuando acusan, es HEROÍSMO.
CALLAR cuando insultan, es AMOR.
CALLAR las propias penas, es SACRIFICIO.
CALLAR de sí mismo, es HUMILDAD.
CALLAR miserias humanas, es CARIDAD.
CALLAR a tiempo, es PRUDENCIA.
CALLAR en el dolor, es PENITENCIA.
CALLAR palabras inútiles, es VIRTUD.
CALLAR cuando te hieren, es SANTIDAD.
CALLAR para defender, es NOBLEZA.
CALLAR defectos ajenos, es BENEVOLENCIA.
CALLAR debiendo hablar, es COBARDÍA.
"Que tus palabras sean más importantes que el Silencio que rompes".
martes, 16 de junio de 2009
PASATIEMPO

Cuando éramos niños los viejos tenían como treinta un charco era un océano la muerte lisa y llana no existía.
Luego cuando muchachos los viejos eran gente de cuarenta un estanque un océano la muerte solamente una palabra.
Ya cuando nos casamos los ancianos estaban en cincuenta un lago era un océano la muerte era la muerte de los otros.
Ahora veteranos ya le dimos alcance a la verdad el océano es por fin el océano pero la muerte empieza a ser la nuestra.
Mario Benedetti
Cuando éramos niños los viejos tenían como treinta un charco era un océano la muerte lisa y llana no existía.
Luego cuando muchachos los viejos eran gente de cuarenta un estanque un océano la muerte solamente una palabra.
Ya cuando nos casamos los ancianos estaban en cincuenta un lago era un océano la muerte era la muerte de los otros.
Ahora veteranos ya le dimos alcance a la verdad el océano es por fin el océano pero la muerte empieza a ser la nuestra.
Mario Benedetti






