ME ACOMPAÑA GENTE ESTUPENDA... DE "ESA GENTE QUE ME GUSTA"...

miércoles, 15 de junio de 2011

¡INDÍGNATE, REACCIONA, ACTÚA!


Uno de los logros de nuestra sociedad y de nuestra cultura decimos que es la valoración, respeto y defensa de la dignidad humana. No faltan voces, sin embargo, que nos hablan de lo contrario, de una falta de respeto absoluto a la dignidad humana; y de lo que es más grave, de una pasividad absoluta ante ello; de una falta de reacción. Y nos interpelan: ¡Indígnate!, ¡Reacciona!.

Si nos preguntamos cómo podemos valorar o medir el aprecio por la dignidad humana, tendremos que convenir en que no hay tal aprecio allí donde no nos duela el alma ante el más mínimo atropello a la misma. ¿Tienen razón, entonces, los que nos interpelan o son los agoreros de siempre, incapaces de captar los signos positivos de los tiempos? Veamos:

Casi la mitad de los jóvenes menores de 25 años está en paro, una generación perdida, posiblemente la mejor preparada de nuestra historia. Más de la mitad de los pensionistas cobran una pensión que los sitúa bajo el umbral de la pobreza. Y no reaccionamos. Menos de la mitad de la población activa tiene un contrato indefinido a tiempo completo, un empleo generador de derechos sociales, como el derecho a una jubilación digna.

Crece el número de pobres: ¡9 millones!, que se dice muy pronto. La pobreza infantil alcanza al 25%. El derecho a una vivienda, a la educación, a la atención sanitaria, al desempleo, a una pensión digna... desaparece, se recorta o se limita mientras se nos empuja a contratar esos servicios con los que nos han conducido a la ruina.

Los que con su ambición han provocado esta crisis, los que toman las decisiones tras "los mercados", han conseguido que entre todos los salvemos de la ruina. Ahora le dicen a nuestro gobierno lo que debe hacer para salir de la misma, y nuestro gobierno ejecuta sus órdenes para garantizar sus beneficios a costa de nuestra ruina.
Y no reaccionamos.


El pasado 15 de mayo los indignados salimos a la calle, prueba de que antes no lo habíamos hecho, en cincuenta ciudades. Fuimos con una multitud de mensajes llenos de ingenio: "Me sobra mucho mes al final del sueldo", "Esto no es una crisis, es una estafa". Otros llevaban su título de licenciado colgado del pecho, o la cartilla del desempleo.
Y todos clamamos democracia de verdad.

Este paso es importantísimo, porque por fin nos mostramos indignados y lo manifestamos públicamente. Ahora queda un largo camino de organización, movilización, y gestión de todo como respuesta a los problemas que tenemos. Pero esto será sólo la parte menos importante. El trabajo duro que debemos acometer es depurar las motivaciones que nos impulsan, si no queremos reproducir la ética y la moral de los que nos han conducido hasta aquí.

¿Somos conscientes de que nos han inoculado el virus del individualismo y de la satisfacción individual del tener y el poseer? Si pretendemos defender la dignidad humana sin cuestionar ni lo uno ni la otra, el resultado será la reproducción del hábitat cultural que nos ha conducido a esta situación; aún en el caso de que hayamos conseguido un empleo y nuestro horizonte personal se haya despejado.

El gran reto que tenemos es mostrar que no hay salida individual, que la salida individual es la suya, la del neoliberalismo; que frente a ella sólo cabe la salida de la donación, la experiencia de que la única manera de luchar por mis problemas es luchando por los problemas de los otros. Es la experiencia del amor la que esconde el secreto de la felicidad humana: el que entrega su vida a otros por amor, la recupera renovada, plena y radiante.



Así que, ¡Indígnate!, ¡Reacciona! y ¡Actúa! ante la injusticia cometida contra el otro, pero no busques tu salida, esa se te dará por añadidura.


Editorial de Noticias Obreras.
1.524 (1-6-11/30-6-11)
Remitido.

lunes, 13 de junio de 2011

Frases bonitas


Autor de la presentación:
José Cruz.
Colaboración y envío que agradecemos a:
La hermana Dominga Rodríguez.

martes, 7 de junio de 2011

LA INTELIGENCIA ESPIRITUAL


La inteligencia espiritual está por encima de la inteligencia operativa, la que nos permite resolver problemas mediante el razonamiento lógico e incluso por encima de la inteligencia emocional, la que nos ayuda a saber relacionarnos y convivir con los demás.

La inteligencia espiritual se basa en un nuevo lenguaje, el silencio, y en una visión que se enfoca en el sentido superior y trascendente de la vida. Permite experimentar la dimensión espiritual, reconocer la importancia de los pensamientos y de la conciencia que éstos crean. Desarrolla una felicidad serena pero estable, ya que no depende de factores externos sino que nos abre a la percepción del tesoro, la belleza que todos llevamos dentro.

Con la inteligencia espiritual se potencian habilidades como:


1. Permanecer pacífico independientemente de las circunstancias.

En el silencio uno es capaz de descubrir la verdadera identidad espiritual, donde existe un espacio inmaculado en el que tan solo hay paz, silencio y verdad.

Cuando entramos en ese espacio interior, el alma despierta y reconoce su valor, reconoce el sentido de la vida y reconoce a su Amigo eterno.

Esta experiencia llena al alma humana de poder espiritual que imprime un sello de paz en su personalidad, y que le permite afrontar todas las circunstancias de la vida con otra luz, con otra perspectiva. La vida ya no es un problema sino una escuela donde cada momento es una oportunidad para apreciar, aprender y acumular tesoros interiores.

2. Observar desapegado y no absorberse en las situaciones.

La práctica de entender que somos un ser espiritual dentro de una experiencia humana, nos permite separarnos primero de este instrumento, nuestro cuerpo, y convertirnos en el observador desapegado. Eso no significa que no tengamos interés en lo que ocurre a nuestro alrededor sino que no nos implicamos emocionalmente y de esta manera podemos dar respuestas más efectivas, ahorrando tiempo y energía. También entendemos que la otra persona es un ser espiritual pero que en una situación conflictiva ha olvidado quién es y está identificada con algo que no es, y ésa es la causa de su malestar.

3. Comprender el sentimiento del corazón de los demás.

No es tan solo comprender a los demás, es mucho más que eso, es ver lo que los demás ni siquiera ven; es decir, las motivaciones más profundas por las que están haciendo las cosas, pero no las superficiales sino las más profundas, entenderlas, comprenderlas y dar una respuesta adecuada a eso. Es conectar con la parte inmaculada del otro, ya no vemos la imagen externa, no vemos la superficialidad de las cosas que hace externamente sino que cada vez comprendemos más en profundidad la esencia de esa persona. Esto nos permite satisfacer sus auténticas necesidades. Esto es inteligencia espiritual, en donde somos capaces de trascender lo que se ve y ver lo que no se ve.


La inteligencia espiritual se basa en una percepción profunda de nosotros mismos como seres espirituales. Esta percepción nos abre a reconocer la importancia de los procesos sutiles de nuestra conciencia. Nos damos cuenta de lo fundamental que es generar pensamientos alineados con los valores internos más puros y positivos que poseemos: la paz, el amor, la sabiduría, entre otros. Nuestros pensamientos, sentimientos y acciones han de ser coherentes con esos valores si queremos experimentar armonía interior.

Otras habilidades que se potencian con la inteligencia espiritual:

4. Concentrar la mente en pensamientos elevados.

Se trata de una de las habilidades espirituales más importantes; ser capaz de concentrar la mente, libre de pensamientos inútiles o negativos, entonces es como si se quedara quieta, relajada, es como si estuviéramos contemplando un pensamiento o una idea. En ese espacio silencioso se produce la experiencia espiritual y la mente se abre a otra dimensión donde se accede a la comprensión de los secretos de la existencia humana sin necesidad de pensar, ni razonar. A eso le llamamos sabiduría. Esta tranquilidad mental nos recarga enormemente de energía.
A esto le llamamos meditación: concentración, quietud en la mente, silencio.

5. Tener buenos deseos y sentimientos positivos hacia todos.

Es muy fácil tener buenos sentimientos hacia la familia, los hijos, los amigos, pero con aquellas personas que no nos tratan bien o que se oponen a nosotros, ¿podemos tener buenos sentimientos hacia ellos?

La persona que desarrolla la inteligencia espiritual no reacciona ante lo que hacen, se mantiene en silencio, y tiene buenos sentimientos hacia ellos, buenos deseos. ¿Qué quiere decir esto? Piensa: “Te deseo lo mejor y que por fin recapacites y te conviertas en una persona madura que se da cuenta de lo que está pasando”.

Necesitamos mucha práctica y desarrollo de la inteligencia espiritual para ser conscientes de todo lo negativo y aún así tener sentimientos positivos.

6. Comprender el sentido de la obra de la vida.

Cuando vamos al cine a ver una película, observamos escenas de emoción, escenas de sufrimiento, luego escenas de alegría y al final escenas en las que se resuelven las cosas. En cambio en la vida no nos damos cuenta de que es así también. Hay todo tipo de escenas pero tan solo con la conciencia espiritual soy capaz de tener esta visión ilimitada del teatro de la vida. Cada escena es única y cada actor es único, todo cambia constantemente y detrás de cada escena hay un beneficio, esta es la visión de la persona con inteligencia espiritual.

La inteligencia operativa busca datos, busca información y más información, por el contrario la inteligencia espiritual no busca sino que recuerda, es otro enfoque completamente distinto.

… Recuerda quien eres, en el fondo ya lo sabes, tan solo tienes que recordarlo.

… Recuerda quién es el ser Divino, quién es el Padre, en el fondo todo ser humanos lo sabe, pero lo ha olvidado.

… Recuerda, ¿qué significa esta vida? ¿Qué haces aquí?, simplemente recuérdalo, porque si has venido, has venido de algún lugar, así que simplemente te has olvidado de dónde has venido, pero vienes de algún lugar.

… Recuerda de dónde vienes y recuerda cuál es tu misión aquí.

Tenemos gran sabiduría en nuestro interior y para acceder a ella necesitamos silencio y conectar de nuevo con el Ser más sabio, la Divinidad, el Supremo, ésta es la base para el desarrollo de la inteligencia espiritual.

De: Brahma Kumaris

sábado, 4 de junio de 2011


Nuestras horas son minutos

cuando esperamos saber,

y siglos cuando sabemos

lo que se puede aprender.



Autor: Antonio Machado

De, "Proverbios y cantares".

EL TIEMPO ES VIDA


En cierto modo puede ser verdad esta afirmación. Somos tiempo, aunque lleno de vida, de proyectos, de relaciones humanas, de ilusiones. El tiempo es una necesidad básica de las personas, para ir construyendo nuestra vida con la actividad diaria. En el tiempo que Dios nos regala, donde nos construimos como personas y donde construimos y mejoramos el mundo que nos rodea.

Si no dedicamos tiempo a estar con los hijos, no los podremos educar; si no pasamos tiempo con la pareja, no podremos cultivar el matrimonio, ni la familia; si no dedicamos tiempo a los amigos, a la relación con los demás, no podremos desarrollarnos como personas sociables; si no dedicamos tiempo a leer, al estudio, a acudir a reuniones y charlas... no podremos ser conocedores de nuestra propia realidad y no podremos ser protagonistas de nuestra vida.

Lo malo es que el sistema social en el que vivimos nos organiza nuestro tiempo en función de las necesidades de la economía, de la producción, del consumo... y nuestra vida va quedando empobrecida del tiempo dedicado a actividades que nos construyen como personas y crean humanidad.

Cada vez dedicamos más tiempo a aquellas actividades que me van a ser rentables que a aquellas que me parecen que son una pérdida de tiempo, porque no le veo el beneficio.

Así, con frecuencia, se nos dice que estamos perdiendo el tiempo si dedicamos parte de nuestra jornada a escuchar a los mayores, a arrimar el hombro en los problemas del barrio, a trabajar en una ONG, si me ofrezco voluntario para limpiar "chapapote"... ¿Qué sacas de eso?, ¡que lo haga Zapatero!.

Hemos puesto precio a nuestro tiempo. Y si en el trabajo que desempeño puedo cobrar un buen sueldo, aunque la labor que llevo a cabo sea una labor anodina, empobrecedora o incluso perjudicial para la sociedad (fábrica de armas), tendré la sensación de que mi tiempo está bien empleado.

Si cuando salgo del trabajo, tengo una chapucilla o un pluriempleo al que le dedico más tiempo que a mi familia, si llego a trabajar los fines de semana quitando tiempo al descanso, por sacarme un "plus" para el piso, para el coche, para las vacaciones... tendré la sensación de que aprovecho bien mi tiempo.

Tal como está organizado el mundo del trabajo en torno a la productividad y el consumo, supone un mecanismo de destrucción el tiempo de las personas. Nos están robando el tiempo, y por tanto, nos están robando la VIDA. La consecuencia es una desestructuración de la persona, pero también de la familia y en consecuencia, un empobrecimiento de la propia sociedad. El trabajo es necesario para vivir, pero se puede vivir para trabajar y consumir. La persona es algo más que una herramienta para crear riqueza que se puede utilizar en un mercado. La persona tiene muchas otras dimensiones a las que deberá dar respuesta, a las que deberá atender para no renunciar a su condición de persona: la dimensión cultural, la dimensión asociativa, la dimensión relacional, la dimensión personal, formativa, la dimensión familiar... Y es en torno a estas dimensiones a las que se debe supeditar el mundo del trabajo, el mundo de la empresa, de la produccción, del mercado y del consumo... nada es más importante que la persona.

¡El tiempo es oro y el que lo pierde un bobo! dice el saber popular. Hagámosle caso y no dediquemos nuestra vida a ser los más ricos del cementerio. Disfruta de lo que Dios te ha regalado: la vida, las personas, la familia, la naturaleza...

Comparte tu tiempo que es lo mismo que regalar vida a otros y trabaja para crear humanidad. Solo de esta forma tu tiempo no estará perdido.

"La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes" (John Lenon)


LUISEN.
Tomado de la revista "Mundo Rural".