ME ACOMPAÑA GENTE ESTUPENDA... DE "ESA GENTE QUE ME GUSTA"...

lunes, 7 de mayo de 2012

MÉTODO HINDÚ PARA TRATAR EL DOLOR DE CABEZA Y EL CANSANCIO.


La milenaria cultura Hindú, ha desarrollado una serie de técnicas, para cada molestia o dolencia y lo extraordinario de ellas es que, casi nunca se localizan en la zona afectada, aquí una muestra de esa sabiduría Hindú.

La nariz tiene un lado derecho y un lado izquierdo; usamos ambos para inspirar y espirar, pero casi nunca simultáneamente, sino que se alternan. Ambos son diferentes: el derecho representa al Sol (el calor), y el izquierdo a la Luna (el frío).

Durante un dolor de cabeza, prueba cerrar la fosa nasal derecha oprimiéndola con un dedo y utiliza sólo la izquierda para respirar: dentro de unos cinco minutos, el dolor de cabeza debería desaparecer.

Si te sientes cansado, haz lo contrario: cierra la fosa nasal izquierda y respira por la derecha. En breve, tu mente se sentirá aliviada.

Presta atención: en el momento de despertar, ¿de qué lado respiras mejor, del lado derecho o del lado izquierdo? Si es por la izquierda, te sentirás cansado. Cierre esa fosa nasal y utiliza sólo la derecha para respirar durante unos minutos: te sentirás energizado rápidamente.

Esto es muy eficaz si es practicado por los adultos, pero puede ser enseñado también a los niños/as.


Desconozco la autoría.
Colaboración y envío que agradecemos a:
Laly Ceballos y Rosi Guerra.

viernes, 4 de mayo de 2012

CARTA DE UNA MADRE A SU HIJA.

Mi querida hija, el día que me veas vieja, te pido por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme.

Si cuando hablamos, repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste” solamente escúchame por favor.

Y recordar los tiempos en que eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche hasta que te quedabas dormida. Cuando no me quiera bañar, no me regañes y por favor no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que te bañaras cuando eras niña.

Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no hagas esos ojos ni esas caras de desesperada.

Recuerda mi querida, que yo te enseñé a hacer muchas cosas como comer apropiadamente, vestirte y peinarte por ti misma y como confrontar y lidiar con la vida.

El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme.

Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante.

Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches.

Y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primero pasos.

Cuando estos días vengan, no te debes sentir triste o incompetente de verme así, sólo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor.

Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida, que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré. Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija.


Desconozco la autoría.
Colaboración y envío que agradecemos a:
Margot Suárez Cubas

jueves, 3 de mayo de 2012

EL CONVOY DE LA VIDA...

LA VIEJECITA MALHUMORADA

Cuando una viejita murió en la sección para el tratamiento de enfermedades de la vejez en una pequeña clínica cerca de Dundee, en Escocia, todas las personas que la conocieron estaban convencidas de que ella no había dejado nada de valor.

Después, cuando las enfermeras revisaron sus pocas pertenencias, encontraron una poesía. Su calidad y contenido impresionaron tanto al personal, que todas las enfermeras querían una copia de la misma.


¿Qué ven hermanas?
¿Qué ven?
¿Qué piensan
¿cuando me miran?

Una vieja malhumorada,
no demasiado inteligente,
de costumbres inciertas,
con sus ojos soñadores
fijos en la lejanía.

La vieja que escupe la comida
y no contesta
cuando tratan de convencerla
“Dele, haga un pequeño esfuerzo”

La viejita, quien ustedes creen que no se da cuenta de las cosas que ustedes hacen y que continuamente pierde el guante o el zapato.

La viejita, quien contra su voluntad,
pero mansamente les permite
que hagan lo que quieran,
que la bañen y alimenten,
sólo para que así pase el largo día.

¿Es esto lo que piensan?
¿Es esto lo que ven?
Si es así, abran los ojos, hermanas,
porque esto que ustedes ven ¡no soy yo!

Les voy a contar quién soy,
cuando aquí estoy sentada tan
tranquila,
tal como me ordenan,
cuando como por orden de ustedes.

Soy una niñita de diez años
que tiene padre y madre,
hermanos y hermanas,
que se aman.

Soy una jovencita de dieciséis años,
con alas en los pies,
que sueña que pronto
encontrará a su amado.

Soy una novia a los veinte,
mi corazón da brincos,
cuando hago la promesa
que me ata hasta el fin de mi vida.

Ahora tengo veinticinco,
tengo mis hijos,
quienes necesitan que los guíe,
tengo un hogar seguro y feliz.

Soy mujer a los treinta,
los hijos crecen rápido,
estamos unidos con lazos
que deberían durar para siempre.

Cuando cumplo cuarenta
mis hijos ya crecieron
y no están en casa,
pero a mi lado está mi esposo
que se ocupa de que yo no esté triste.

A los cincuenta, otra vez,
sobre mis rodillas
juegan los bebés,
de nuevo conozco a los niños,
a mis seres amados y a mí.

Sobre mí se ciernen nubes oscuras,
mi esposo ha muerto,
cuando veo el futuro
me erizo toda de terror.

Mis hijos se alejan,
tienen a sus propios hijos,
pienso en todos los años que pasaron
y en el amor que conocí.

Ahora soy una vieja.
¡Qué cruel es la naturaleza!
La vejez es una burla
que convierte al ser humano
en un alienado.

El cuerpo se marchita,
el atractivo y la fuerza desaparecen,
allí, donde una vez tuve el corazón
ahora hay una piedra.

Sin embargo, dentro de estas viejas ruinas
todavía vive la jovencita.
Mi fatigado corazón, de vez en cuando,
todavía sabe rebosar de sentimientos.

Recuerdo los días felices
y los tristes.
En mi pensamiento vuelvo a amar
y vuelvo a vivir mi pasado.

Pienso en todos esos años
que fueron demasiado pocos
y pasaron demasiado rápido,
y acepto el hecho inevitable
que nada puede durar para siempre.

Por eso, gente, abran sus ojos, abran sus ojos y vean!
Ante ustedes no está una vieja malhumorada, ante ustedes
¡Estoy YO!


Desconozco la autoría.
Colaboración y envío que agradecemos a:
Belén Ortíz

sábado, 28 de abril de 2012

TU SABES QUE TE QUIERO...